lunes, 28 de marzo de 2016

Comunidad Mortal

13. VIVIENDO CON EL ENEMIGO

Eran las diez de la mañana cuando Sandra se despertó. Todavía quedaban dos horas para que saliera su tren. En la cocina su hermano preparaba el desayuno.
¡Buenos días, dormilona! Luego no me vengas con prisas.
Todavía queda tiempo, ¿qué tal tus heridas?
Dicen que lo que no mata, más fuerza te da, de momento no me he muerto.
Espero que estos días de descanso nos sirvan para relajarnos.
Bueno, descansaremos de la rutina.
Sandra entró en su habitación y como de costumbre tardó unos treinta minutos en decidir qué se ponía. Por suerte ya tenía preparada la maleta, aunque le quedaban algunas cosas de última hora. Mientras se cambiaba sonó el timbre de la puerta.
Héctor, ¡dime que tu hermana está preparada! −dijo desesperado Richy.
Pues lamentándolo mucho te tengo que decir que no.
Pues chico, sabes lo que te digo, que nosotros nos vamos adelantando porque seguramente la cola para sacar el billete será enorme, nos vemos allí y si para cuando salga el tren todavía no está preparada, nos vemos a la vuelta por lo que deséanos felices vacaciones.
Eso o le podrías decir al maquinista que espere.
Va a ser que no. Venga, hasta pronto.
Quince minutos después Sandra ya estaba completamente lista y entraba en el salón cargada con su gran maleta.
¿No eran unos días los que vamos a pasar?
Sí.
¿Y por qué llevas una maleta como si fueras a pasar un mes?
Espero que no se me quede nada, en todo caso ya lo compraré cuando llegue allí.

En cinco minutos llegaron a la estación de ferrocarriles de Atocha donde los dos hermanos se reunieron con el resto de la expedición. Unos veinte minutos después se subían al tren que los llevaría hasta Tarragona.
El viaje transcurrió de forma amena, siendo Fran el centro de atención del grupo. Héctor, que se pasó el viaje observándolo en silencio, se percató de que Fran era el que dirigía las conversaciones y el que marcaba las pautas. Se sorprendió de cómo un extraño en poco tiempo se había hecho con el grupo y ahora era el que tomaba las decisiones. Dejando a un lado ese hecho, sus pensamientos se centraron en Valeria. Todavía seguía pensando en ella; le intrigaba su forma de actuar. Unos días era amable con él y al día siguiente era despiadada y cruel. Definitivamente tendría que borrarla de su vida. Héctor volvió a la realidad cuando sintió su nombre.
¿Y tú qué opinas Héctor? −le preguntó Fran.
Disculpa, no estaba atento a lo que decías.
¡Héctor! −dijo su hermana−. Prométeme que vas a desconectar, estamos haciendo este viaje para salir de la rutina, ¿recuerdas?
Tranquila, solo admiraba el paisaje.
Pues siendo sinceros −argumentó Fran−, es un paisaje muy monótono, desde que salimos no ha cambiado mucho.
Es lo que tiene Castilla-La Mancha −añadió Richy.
Supongo que sería más apasionante hacerlo en avioneta.
¡Calla! ¡Calla! −dijo Richy−. Ya le tengo miedo a los aviones grandes como para meterme en una cosa diminuta.
Pues a mí me encantaría −añadió Sandra−. Creo que sería una experiencia fantástica. ¿Te has montado alguna vez en una avioneta, Cayetano?
Tuve la oportunidad de subirme en un cacharro de esos una vez hace tiempo. Y si te digo la verdad, no me volvería a subir.
Yo, desde el accidente de aviación de la LAPA en Buenos Aires, los aviones entre más lejos, mejor, vos no sabes lo mal que lo pasé para venir acá, imagínate si me tengo que subir en uno chiquito −comentó Daniel Alejandro.
¿Y vosotros sois los que vais a un parque de atracciones? Supongo que no saldréis de la zona infantil −dijo Héctor en tono irónico.
En la zona infantil quizás no, pero conmigo no contéis para que me suba a una de esas montañas rusas, si queréis os sacaré fotos desde abajo mientras disfruto viendo vuestras cara de pánico −comentó Richy.
¡No fastidies! −dijo Fran−. Yo aunque las pase más putas que Caín me pienso subir en todas, que para eso pago la entrada.

(......)

lunes, 21 de marzo de 2016

Comunidad Mortal

12. ORGANIZANDO UN VIAJE (continuación)

Durante su jornada laboral Héctor estuvo ausente, todos sus pensamientos se centraban en Valeria. A las tres ya había completado todo el papeleo, pero no le apetecía irse a casa todavía, así que cogió su coche y se dirigió a Gran Vía donde terminó almorzando en un restaurante chino de la zona. Una vez terminó, se dedicó a vagar sin rumbo por las calles. Eran las ocho de la noche cuando, cansado de tanto caminar, se encontró delante de un cine y se decidió a ver una película. Entró en la sala desierta y se sentó en la penúltima fila. La sala permaneció vacía hasta que empezó la película, justo en ese instante entró un tipo. Cuando Héctor se fijó en él, pensó que el comportamiento de ese individuo era extraño, ya que recorrió toda la fila de butacas hasta la punta de adelante y volvió atrás sentándose en la última fila. Pasaron diez minutos y Héctor sintió un ruido, el tipo había cambiado de asiento y ahora se encontraba justo detrás de él. Héctor vio algo resplandeciente y en un movimiento instintivo se agachó y notó como le desgarraban la camisa. Por suerte, pudo salir corriendo de la sala y una vez fuera, mientras sus ojos se acostumbraban a la luz, bajó las escaleras y se adentró en Gran Vía sin dejar de correr. Estaba alcanzando la intercepción de Gran Vía con Tres Cruces, cuando un coche azul oscuro se le cruzó y salió despedido por los aires, cayendo sobre el capó del coche y después a la acera. En seguida se vio rodeado de curiosos, pero le llamó la atención unos zapatos de tacón que se acercaban hacia él.
¡Héctor! ¿Sueles tirarte delante de los coches habitualmente? −le preguntó Valeria.
Quizás sea que tú quieres acabar conmigo.
No sé si el golpe en la cabeza te ha borrado la memoria pero has sido tú el que se ha abalanzado contra mi coche.
¿Se encuentra bien, señor? −dijo un policía que acaba de llegar.
Creo que sí −dijo Héctor incorporándose.
¿Necesita asistencia médica?
No, creo que estoy bien.
Yo le acompañaré al centro de salud más cercano, agente. Ha sido con mi coche contra lo que ha chocado, además soy su vecina.
Héctor subió al vehículo de Valeria para evitar que los curiosos siguieran acercándose. Una vez en el centro de salud, le curaron los rasguños y lo examinaron. Tras no detectarle nada, Héctor salió a la sala donde Valeria lo estaba esperando.
Bueno, ¿qué tal?
Pues después del aterrizaje que hice por culpa de un auto que no respeta el paso de peatones, tengo suerte de que solo tenga unos rasguños.
Venga, que te llevo a casa, quejica.
Sin saber por qué, Héctor accedió. Se sentó en el asiento del copiloto mientras ella le ayudaba a cerrar la puerta. Y antes de sentarse, Valeria se quedó mirando el capó. Observó los daños que tenía y después fue al asiento.
Tienes suerte de que no te reclame los daños. ¿Me puedes decir que hacías corriendo como alma que lleva el diablo?
Huyendo de un demonio, pero tuve mala suerte y me encontré con otro.
Ella no dijo nada y arrancó el coche. Una vez de vuelta en el garaje de su edificio, le dijo a Héctor:
Bien, ya hemos llegado. ¿Quieres que te acompañe a casa?
No, gracias, no quisiera agobiarte −dijo él mientras se dirigía hacia el ascensor.
Cruzando la puerta de su casa, se encontró con su hermana en el salón, que lo miraba sorprendida.
¿Qué te ha pasado?
Tranquila, estoy bien. Tengo unos cuantos rasguños, pero estoy bien.
Pero, ¿cómo te has hecho eso?
Me gusta probar la dureza del suelo de vez en cuando.
¿Sabes que llevas unos días insoportable?
¿Sí? Quizás me vendría bien escapar unos días de Madrid.
Pues no me vas a creer cuando te diga que ya tenemos plan.
Sorpréndeme.
Unos días en la costa.
Un cambio de aires creo que estaría bastante bien. ¿Quiénes van?
Supongo que Richy, Daniel Alejandro y Cayetano.
Entonces, ¡vamos a la costa!
Pues bajaré a decirle a Richy que nos apuntamos.
Sandra bajó a casa de Daniel Alejandro, tocó dos veces y Richy abrió la puerta.
Chica, ¿a qué viene tanta prisa? Que me vas a quemar el timbre.
Buenas noticias.
No me lo digas, Héctor dijo que sí.
Sí. ¡Nos vamos para la costa!
¡No tengo parole! ¿Viene también el jinete?
Le voy a llamar ahora mismo.
Sandra cogió su móvil y marcó el número de Cayetano.
¿Sandra?
Hola, ¿estás en casa?
Sí.
¿Puedes subir a casa de Daniel Alejandro un momento?
Claro, dame dos minutos.
Cayetano subió hasta casa de Daniel Alejandro, tocó el timbre y Richy abrió la puerta.
¡Hola Caye! −dijo Richy−. Tenemos una oferta para ti que espero que no rechaces, pero antes dime algo, ¿tienes que trabajar estos días de fiesta?
Tengo que reincorporarme el sábado.
Bueno, entonces te podrás venir con nosotros a la costa unos días.

Con el visto bueno de Cayetano, Sandra se puso a organizar el viaje hacia el parque de atracciones. Irían en tren y todos volverían a casa el domingo, salvo Cayetano que volvería el sábado.

(siguiente capítulo: 13. VIVIENDO CON EL ENEMIGO)

martes, 15 de marzo de 2016

Comunidad Mortal

12. ORGANIZANDO UN VIAJE

Se acercaban varios días festivos en Madrid, donde la mayoría de sus habitantes harían puente, disfrutando de cuatro días de fiesta. Con esa intención tocaba Fran en la casa de Daniel Alejandro.
¡Buenos días! ¿Cómo sigue el enfermo?
Evoluciona favorablemente, aunque ahora creo que padece de mimitis −dijo Richy, que abrió la puerta.
Tiene suerte de tener a alguien que lo cuide.
Si lo dices por mí, estoy pensando en desistir.
Seguro que luego te saldrán más pacientes. En fin, que me lío, venía a deciros que como ahora viene un largo puente, si os apetecía quedar en grupo para ir a algún sitio de la costa.
¡Genial! ¡Es una idea fabulosa! Así podría pillar un poco de sol en mi blanquecina piel. Se lo comentaré a los chicos a ver qué me dicen. ¿Has pensado en algún lugar en particular?
Bueno, yo hace tiempo estuve en Sitges, lo digo porque es una zona que conozco bastante.
No estaría mal, pero supongo que estará abarrotado. ¿Qué tal un sitio donde poder descargar adrenalina? Es que esta semana ha sido estresante.
¿Qué te parece el parque de atracciones de Tarragona?
¡Estupendo! Además, tiene unos hoteles de fábula y la playa no queda lejos. Pues en cuanto vea a los chicos se los planteo y te digo algo.
De acuerdo, esperaré la respuesta.

En otro lado del edificio, Sandra estaba recién levantada y se encontró con su hermano.
¡Buenos días! −dijo Sandra desperezándose.
Para quien los tenga −respondió secamente Héctor.
¡Héctor! No me puedo creer que todavía sigas enfadado, tienes que pasar página.
Sandra, no estoy para charlas. Tengo prisa, y no me esperes a almorzar, que hoy tendré bastante trabajo.
Se despidió de su hermana, bajó al garaje y arrancó su coche, tras encenderlo oyó un ruido atronador. Héctor sobresaltado miró hacia todos los lados y observó que el ruido era producido por el motor del Ferrari de Valeria. Héctor puso en movimiento su pequeño Smart, en ese momento Valeria se colocó con su flamante deportivo justo detrás. Los dos vehículos salieron a la calle Atocha donde, en una arriesgada maniobra, Valeria consiguió adelantar a Héctor. Él tocó el claxon pero Valeria ya estaba lejos.   

(......)

lunes, 25 de enero de 2016

Sentido antihorario

Última parte

Lo que no sabía Ulises es que una hora antes, la rubia que respondía al nombre de Nicole, había sido introducida a la fuerza en una furgoneta gris por un hombre de complexión atlética. Amordazada y atada, habían recorrido un camino de aproximadamente una hora. Cuando de nuevo la luz entró en la estancia oscura de la furgoneta, donde ella estaba tirada, sintió un pinchazo en su brazo, lo siguiente que ocurrió es que su vista empezó a nublarse y que tenía sueño.
Poco a poco fue despertándose, le dolía la cabeza y tenía sed. Sentía una carga en los hombros y notaba como sus pies estaban en el aire. Cuando tomó conciencia de lo que había a su alrededor, se dio cuenta de que estaba encerrada en un cuarto frío, tiró de su mano que estaba colgada del techo, de repente un hombre empezó a hablar.
-          Buenos días, bella durmiente, espero que te guste tu nuevo hogar, pronto conocerás a tus nuevos compañeros.
Fijó la vista en el hombre, y de pronto su rostro reflejó terror. El hombre se percató.
-          Parece que has visto a un fantasma. ¿No te alegras de verme? He regresado del infierno, para llevarte conmigo.
-          ¡Por favor! ¡Puedo explicarlo!
-          Creo que ya es tarde.
El hombre salió de la estancia. Una pequeña trampilla que había en el cuarto se abrió, y tres cerdos entraron en el cuarto.
-          ¿Has oído hablar del cuento de los tres cerditos?
-          Suéltame, te lo suplico. Te puedo explicar lo que sucedió.
-          Interpretaré eso como un sí. Bien, pues esto es una nueva versión del cuento. Tus amiguitos han tenido desde hace unos meses una dieta especial basada en carne humana. Por si no lo sabes, hay un cementerio cercano y debido a la poca vigilancia, creo que no echarán de menos a algunos de sus inquilinos. ¿Te gustan tus nuevos vecinos?
-          Por favor, suéltame.
-          Acostúmbrate a ellos y más vale que te hagas su amiga, total, eres una experta engatusando a la gente.
-          No, te equivocas de persona.
-          Te diré una cosa. Hoy estas colgada como un jamón, ¿qué ironía, no?  Tus nuevos compañeros de cuarto de momento no tienen hambre, y tampoco son capaces de alcanzarte. Cada día vendré y bajaré un eslabón de la cadena que te une al techo. Creo que el final ya lo habrás adivinado, aunque siempre puedes soplar y soplar a ver si tiras las paredes abajo.


Dos semanas desde su desaparición, los Mossos d’ Esquadra trataban de localizar a una chica que un testigo decía que habían introducido a la fuerza en una furgoneta. Algunas cámaras del paseo de las ramblas habían captado el momento. Sin embargo, nadie había denunciado la desaparición de la chica, por lo que no tenían ningún tipo de identificación. A la comisaría había llegado un pen drive con el nombre de Carles Puigcerdá. Dentro del pen había un vídeo donde se veía a una chica colgada del techo, mientras debajo unos cerdos le estaban devorando los dedos de los pies. Los Mossos buscaron en su base de datos y descubrieron que el tal Carles había desaparecido hacía unos meses atrás. Al poco tiempo apareció ahogado en el mar, cerca del muelle de Barcelona. Tenía un gran bloque atado a los tobillos. Habían cerrado el caso como suicidio.

Un mes después los Mossos entraban en una porqueriza a las afueras de Barcelona. En el suelo había una persona con un disparo en la cabeza, unos cerdos habían empezado a devorar su cuerpo. Del techo colgaban unas cadenas, a primera vista se había suicidado. En el suelo había una cámara y una silla tirada al lado del cadáver. Cogieron la cámara para ver qué era lo que había grabado:
Querida incompetente policía:
Mi nombre es Fran Puigcerdá, soy el hermano gemelo de Carles. Hace unos meses ustedes dictaminaron que se había suicidado, pues bien, esta chica tiene algo que decirles.
Se abría el plano y una chica desnuda y encadenada al techo, empezaba hablar.
Da igual como me llame ya que voy a morir, lo que tengo que decir es que Carles no se suicidó, lo maté yo. Y no ha sido la primera. Hasta ahora he asesinado a cinco infelices, personas cuya vida no disfrutan y que es mejor que estén en otra parte, en algún cielo o quizás se reencarnen en otra persona para que puedan ser felices. No me considero una asesina sino un ángel protector de la sociedad. Quizás muchos no entiendan mi filosofía de vida, pero estos seres eran elementos negativos que no aportaban nada a la sociedad.
De pronto, la cámara caía al suelo, unos pies entraba en escena.
Finalmente alguien apagaba la cámara.



lunes, 18 de enero de 2016

Sentido antihorario

Primera parte

Hacía tres horas y diez minutos que el avión había despegado del aeropuerto de Las Palmas. Ulises se desperezaba en aquel incómodo asiento, parecido a una lata de sardinas. Todavía se preguntaba si el tener que viajar a un precio que las compañías aéreas consideraban “barato” incluía el pasar tres horas de vuelo sin poder moverse del asiento sin otra cosa que hacer que rellenar un crucigrama, oír música o tratar de dormir. A estas incomodidades se añadía la de tener su vejiga al completo y no poder levantarse a evacuar el líquido amarillo, ya que al haber elegido ventanilla, sus dos compañeros de asiento iban profundamente dormidos y no había forma de despertarlos para poder salir al “gran pasillo” del avión. Para colmo, cuando ya empezaron a despertar los “bellos durmientes” saltó la señal de uso obligatorio del cinturón de seguridad por lo que sus ilusiones de poder ir al lavabo se esfumaron, aunque todavía corría por su cabeza la maléfica idea de orinar en la botella de agua medio vacía que traía y que le había costado más que un litro de gasolina en el interior del aeropuerto debido a las excesivas medidas de seguridad de no introducir líquidos en los aviones… con lo que en cierta medida estaba de acuerdo, pero no compartía que los bares y cafeterías del aeropuerto triplicaran el precio del agua convirtiéndolo en un bien inalcanzable para la mayoría de los pasajeros.
Se concentró en mirar por la ventanilla la panorámica nocturna de Barcelona mientras el avión realizaba la aproximación al aeropuerto del Prat. La azafata les recordó que eran las 22:30, para aquellos que todavía no habían adelantado la hora lo hicieran, ya que en la península era una hora más con respecto a Canarias. Sin embargo, Ulises mantuvo su reloj tal cual estaba, ya que al ser 24 de Octubre en breve habría que retrasar los relojes una hora entrando así el horario de invierno. 
Tras haber recogido el equipaje se dispuso a coger el Aerobus que lo trasladaría al centro de la ciudad. Debido a la hora que era, pudo encontrar asiento. Tras mirar en su móvil algunos mensajes, todavía no había llegado a ser movildependiente pero casi, miró al frente y vio a una chica rubia con unos intrigantes ojos grises que le escrutaban. Quiso saludarla, pero su timidez se lo impidió. Bajó su mirada al móvil. Durante el trayecto compartieron miradas hasta llegar a la parada donde la chica se bajó. Ulises se percató de que se le había quedado la agenda y corrió a dársela. Casi lo coge la puerta del autobús, pero finalmente llegó a alcanzar a la rubia y entregársela. Volvió al bus y observó como la rubia escribía una nota. ¿Mañana 10 Maremagnum? Sin pensarlo, levantó el pulgar mientras el bus seguía su camino. 

Ulises llegó al hotel, puso el despertador de su móvil a las 9 y a esa hora sonó. Tras pasar por el baño, desayunó y a las diez menos cinco se encontraba en Maremagnum, un centro comercial de Barcelona. Se sentó en un banco y se dispuso a esperar. Tras 30 minutos, empezaba a pensar que la rubia no aparecería, cuando al rato escuchó una radio, el locutor decía: “Son las 11.30 de la mañana…”¡¡¡¿Cómo?!!!”, no podía ser, miró su móvil y marcaba las 10.30, miró las funciones y comprobó que tenía activado el cambio horario, que se le olvidó desactivar o simplemente mirar su reloj, que tenía la hora correcta. Nunca sabría si la rubia lo esperó o no. 


jueves, 14 de enero de 2016

La Primera

“Esto no me puede estar pasando a mí”, pensó mientras volvía a levantarse. Su visión era borrosa y estaba oscuro, ya la noche caía más temprano y el frío no ayudaba, no llegaba a distinguir a nadie por los alrededores… pero a él sí. No lo veía, pero sentía que estaba cerca, observándola, como un león acechando a su presa, esperando el momento oportuno. Tuvo que ser durante su entrevista, tuvo que echarle algo en la bebida cuando no se fijó, no había otra explicación. No era la primera vez que se veía con algún chivato para que le contase los trapos sucios de algún famoso a cambio de dinero. Daba igual si lo que decía era un rumor, cierto o falso, lo importante era ser el primero en lanzar la exclusiva; no le importaba arruinarle la vida a alguien si con eso alcanzaba su objetivo: ser famosa  y triunfar como periodista de prensa rosa, lo que siempre había querido. Pero esta vez algo no salió bien. Había cambiado su aspecto, por eso no lo había reconocido, pero él quería que supiese quién la estaba sentenciando y se lo reveló cuando ya no había vuelta atrás. “Castigaré a los que son como tú para que no vuelvan a arruinar la vida de nadie más... como hiciste conmigo” le susurró al oído poco antes de salir corriendo.
Ya sus piernas no le respondían, le ardían los pulmones y le estaba costando respirar. Volvió a caer, pero ya no tenía fuerzas para levantarse. Notó una sombra cerca, ya estaba ahí, a su lado, esperando a que se apagase definitivamente. No, no había salido bien. Todo lo que planeaba hacer en su vida ya no servía de nada. Iba a ser famosa, pero no de la forma en la que ella esperaba. Ella iba a ser… la primera. 


martes, 12 de enero de 2016

Monólogo de Navidad

A pesar de que las fiestas navideñas han terminado algunos dirán: ¡Por fin!, me gustaría hablarles de mi cena familiar de Navidad, y es que a pesar de que yo soy Claustofóbica y no porque odie al señor Santa Claus, sino por lo que pasa esa noche entre el 24 y el 25. Y si antes era Claustofóbica este año lo soy más, porque la cena de este año ha sido “especial” si cabe. Ustedes se preguntarán: ¿Por qué tu cena de Navidad ha sido especial?... Buena pregunta. Y como es tan buena les voy a contestar. Supongo que a muchos de esta sala siempre que llegan las Navidades están esperando ese momento del 24 de diciembre, en el que la familia se reúne alrededor de la mesa, cantan villancicos y disfrutan de un sabroso pavo, cochinillo o cualquier animalito que estaba vivo y ahora te pone ojitos mientras tu estas sentado a la mesa. Sin embargo, en la mía, en vez de una mesa de Navidad parece el plató de Sálvame. Uno gritando, el otro diciendo: ¡que te calles!, el otro diciendo: ¡mezquino! ¡Ruin! ¡Deleznable!… En serio, en la última cena de Navidad, alguno hasta cogió un cuchillo y con él, golpeó la mesa para que le hicieran caso y sí, consiguió que le hicieran caso porque mi suegro le dijo: “Fermín, coge tus cuchillos y vete”…Y no solo eso, a su mujer la mandó al rincón de pensar, por protestar. Pues este año por si no hubiese suficiente tensión en el ambiente, resulta que para añadir más gasolina, no se les ocurre nada mejor que poner las elecciones…A mí suegro que le dices: ¿Qué le pides a Papa Noel?, A ese gordo comunista no le pido ni la hora. ¿Pero como puedes decir que es comunista?. Porque va de rojo. No, hombre va de rojo para que se le distinga en la nieve. Si quiere que se le distinga en la nieve que se compre un chaleco reflectante, como hace todo el mundo... Llegó el día de la cena y mi suegro pregunta: ¿Quién quiere sentarse a mi izquierda? Y tú piensas: Ostras, si me siento a su izquierda pensará que vote al PSOE y si me siento a la derecha pues entonces pensará que vote al PP, y tampoco puedo sentarme en el centro porque sino me sentaría encima de él… por lo que entonces dices: “Que elijan ellos”… y él responde: ¡Ah! Eres de los indecisos… así va España…
Al final estamos sentados a la mesa, todo el mundo en silencio, pero se masca la tensión. Bueno, alguno mascaba un trozo de pan porque tenía hambre… y mientras están sirviendo la sopa, alguien para romper el hielo dice: ¿Al final quién ganó el Gran Hermano? Otro responde: Sonia y otro dice: ¡Qué Sonia!, será Sofía. Y claro, el abuelo que está algo sordo dice: ¡Que coño! El debate lo ganó Mariano…Entonces en tu cabeza aparece una imagen. Ves a Mercedes Milá diciendo aquello de: La audiencia de Gran Hermano ha decidido que el ganador sea… ¡Mariano!… pero en eso sales de tu ensimismamiento y ves que alrededor tuyo ya se armó el Belén… Todo el mundo hablando de política... Escucho a mi suegra: No solo ganó Mariano el debate sino que además ganó las elecciones. Mi cuñado responde: Yo creo que los españoles han votado por un cambio y el único que puede ofrecernos ese cambio es Pedro Sánchez. Entonces tú ves que va a estallar la tercera Guerra Mundial y siempre has querido ser bombero, así que intentas apagar los ánimos: Bueno, como al final unos votaron a los azules, otros a los rojos, otros a los naranjas y otros a los violeta, entonces podemos decir que España es un país multicolor. Por lo tanto, creo que nos debería gobernar la abeja Maya. Y mi mujer me responde: Sí, claro, pero no olvides que como hubo mayoría pitufa probablemente nos gobierne Gargamel… En ese momento de silencio aprovechas y sueltas la bomba: Por cierto ¿no les he dicho que estuve en una mesa? Rápidamente mi cuñado dice: “Representando a un partido”. No, por desgracia me tocó como vocal. ¿Cómo que por desgracia? (dijo mi suegro), el deber de todo español es servir a su país y gracias a esto hoy podemos votar libremente. Entonces piensas: Sí, claro, me iba a poner la camiseta roja y la bufanda de España. Cuando abríamos la mesa tarareamos el himno de España y cada vez que votaba alguien, nos poníamos a decir: Bota, Bota, Bota eh eh… Eso sí, cuidado con lo de gritar PODEMOS, PODEMOS siiiii. Continuando con la cena, mi cuñada dijo: “¿Qué tal te fue?”. Pues bueno, tuve que estar a las nueve de la mañana en mi colegio electoral, abrimos la mesa. Tuvimos que dar las gracias a una señora que amablemente nos trajo un bizcocho y un café, porque no sé si ustedes lo saben pero al que está en la mesa electoral no le dan nada, pero nada, de comer. Tienes que estar desde las nueve de la mañana hasta las ocho que se cierra el colegio y una hora más contando votos, en ayunas. Seguramente que ese día a alguno que le tocó estar en la mesa, aprovechó y se llevó esos batidos detox, de esos que sirven para eliminar toxinas, de esa forma como no vas a comer nada por lo menos vas tomándote el batido, te mantienes en pie y encima limpias el intestino, además puedes aprovechar y cuando te venga el apretón, vas al baño y te cagas en el que te seleccionó para la mesa. Pero bueno, dentro de lo malo, en mi mesa tuvimos suerte porque como dije, nada más abrir, una amable ciudadana que ejerció su derecho al voto nos trajo un bizcochito y un café, a media mañana otra señora nos trajo unas galletitas para matar el hambre y cuando llegó el almuerzo… cuando llegó el almuerzo tu ves como a los apoderados e interventores de los partidos les traen una bandeja con empanadilla, tortilla, arroz… y tú, claro, estás boquerón y sientes que el estómago te pide algo para comer, entonces fijas la mirada hacia aquel pobre interventor que está engullendo feliz su empanadilla… Buscas que te mire, pero claro, el se lo huele, te mira de refilón y le dices: ¿Qué? ¿Está bueno?... y él responde: Bueno…¿quieres un poco?. Pues mira, ahora que lo dices, si hay algo que no quieras me lo puedes dejar… si no te importa, claro. Y entonces pones cara de pena pero tu mirada sigue manteniendo el odio para acojonarlo. Por lo que él responde: “Creo que la tortilla no me la voy a comer”. ¡Oh! Gracias, eres muy amable, mira ¿y el pastelillo? Y el pobre hombre trata de esconder el pastelillo y dice: ¿Qué pastelillo?
El que tienes debajo de tu mano ¿te lo vas a comer?... Por lo que al final acabas almorzando tortilla y un pastelillo. Menos mal que siempre hay gente caritativa.
Pero es verdad, la gente se portó muy bien con nosotros, hubo alguien que cuando nos tocó contar los votos nos metió en uno de los sobres unas lonchas de chorizo. Imagínense ese sobre todo pringoso lleno de aceite. Y sacas las lonchas de chorizo…y dices: alguien tiene un poco de pan…porque me voy a comer un voto porque tengo gilorio…Total que al final llegas a casa hambrienta, tullida de estar en una silla todo el día sentada, con un dolor de cabeza que ni te cuento y para colmo de estar todo el jodido día sentada te da un tirón en el cuello. Que cuando mi marido me vio dijo: Mira, aquí llega Terminator…Y encima como yo soy una ilusa dije: Bueno, con el poco dinero que me dieron voy a comprar un décimo de la lotería a ver si me toca, ya que tuve “suerte” y me tocó lo de la mesa… quién sabe… Pues bien, que sepan ustedes que no me tocó la lotería, y tampoco recuperé los 20 euros…
Pero no me digan que estas no han sido unas Navidades extrañas. Normalmente uno por estas fechas ponía la tele y veía anuncios de colonia, juguetes… colonia, juguetes… pero estas Navidades además ponían vota al PSOE, vota al PP. Al final uno no sabía si eran las muñecas de Famosa las que se dirigían al portal o eran Pedro, Mariano y Pablo los que iban a llevarle los regalos al niño. La gente acabó tan confundida que en la mesa electoral en la que estuve alguien se equivocó y en el sobre para los diputados al Congreso metió la carta a los Reyes Magos…pero aquí no acaba la cosa. Lo normal por estas fechas es ir a comprar los detallitos para los Reyes Magos. Por lo que llamo a mi padre y le digo: papá, ¿cómo se llama el perfume que se pone mamá? para comprárselo para Reyes. Y va y me dice: “Podemos for woman”, quien sabe a lo mejor Pablo Iglesias lo patenta para el próximo año. O quizás en versión desodorante, para eliminar los círculos… Pero espera, como decía super-ratón: No se vayan todavía que aún hay más… El veinticuatro fui a la misa del gallo, bueno, quizás ahora sea del avecrem ya que cada día el cura la hace más temprano… llegó la hora de la comunión y dice el cura: “Vamos a cantar el villancico número cinco” y los del coro empezaron a tararear la sintonía del PP…en fin que si el año que viene vuelven a mezclar las elecciones con las navidades lo único que me queda por decir es… ¡QUE LA FUERZA NOS ACOMPAÑE!